8 beneficios que aporta la educación emocional en las aulas

Según el ya famoso Daniel Goleman, La Inteligencia Emocional es "la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, así como los ajenos, de motivarnos y de manejar las emociones." Actualmente,  y por fortuna, cada vez más padres y profesionales de la educación se están dando cuenta de que la Inteligencia Emocional juega un papel muy importante y decisivo  en el desarrollo íntegro de sus hijos y alumnos. Desde hace bastante tiempo sabemos que el estado de ánimo y las emociones influyen mucho en un mejor o peor aprendizaje de los alumnos.

La mayoría sabemos, que algunos conocimientos nuevos por adquirir pueden crear ciertas tensiones, estrés, dificultades, inseguridades y frustraciones en los alumnos. Ya sea porque no lo comprendan a la primera o porque el ritmo que sigue los profesores no está adaptado realmente a los estudiantes. Para los estudiantes es un esfuerzo diario. Una adecuada educación emocional, ayudará a que sepan gestionar lo que sienten en cada momento (sean emociones buenas o malas). Por no hablar, de la importancia que tienen las habilidades y competencias sociales y conocer y respetar las emociones de los compañeros.

Entonces, ¿qué beneficios puede aportar la Inteligencia Emocional a los estudiantes?

- Para empezar, una mejora significativa del clima en el aula y unas equilibradas relaciones inter/intrapersonales. Que un estudiante sea emocionalmente inteligente quiere decir que tendrá adquiridos valores importantes para aplicar en el aula, sabrá de la importancia de trabajar en equipo y hará todo lo posible por tener una adecuada y sana actitud con sus compañeros. Y eso, puede generar un ambiente muy enriquecedor en clase.

- Aumento de la motivación y superación. La Inteligencia Emocional ayuda a superar frustraciones y decepciones. Por lo tanto, aquel que gestione bien las emociones podrá aprender de los errores y de las equivocaciones. Estará dispuesto a adquirir herramientas que le guíen en la superación de obstáculos. De esta manera, un estudiante que es consciente de su propio aprendizaje y que se sienta protagonista, estará más motivado en el aula y también fuera de ella. 

- Una mayor confianza en sí mismo. Haber desarrollado una buena Inteligencia Emocional hará que el alumno sepa perfectamente cuáles son sus limitaciones, debilidades y sus cosas buenas. Sabrá cómo superar cualquier dificultad en el aula y posiblemente se presentará voluntario para ser mediador en la resolución de conflictos. Eso aportará al alumno un incremento de confianza, autoestima y bienestar personal.

- Un mayor aprendizaje en grupo y participación. Muchos alumnos no participan en clase y no les gusta hacer actividades grupales porque sienten que sus compañeros o profesores se van a reír de ellos o porque creen que no tienen nada bueno que aportar y se creen menos capaces. Una adecuada educación emocional, hace que los estudiantes se sientan seguros con sus compañeros y que éstos ayuden a su vez a los alumnos que se sientan más retraídos para su correcta integración en el aula.

Valores muy importantes para el día a día. Tales como la solidaridad, la empatía, la no discriminación, el respeto, la tolerancia.

- Desarrollo de la responsabilidad social de los alumnos. Un alumno emocionalmente inteligente sabe cuándo una cosa es justa o no. Cuando un estudiante tiene menos posibilidades que otros o cuando compañeros necesitan más adaptaciones. Estos alumnos ayudarán en todo lo posible a los compañeros con más dificultades e intentará resolver los conflictos que puedan ir surgiendo en el día a día en el aula.

- Disminución de la violencia y de las agresiones. Una adecuada Inteligencia Emocional hará que los estudiantes estén menos estresados, más valorados y sientan que su opinión importa. Al trabajar correctamente las emociones propias y las de los demás, los estudiantes entenderán a sus compañeros y mostrarán empatía. Así, se reducirían los índices de violencia y agresiones en las clases.

- Mejora de la adaptación escolar. La Inteligencia Emocional tiene muy en cuenta los pensamientos de los demás, las opiniones distintas y el aprender de los errores y equivocaciones sin miedos, inseguridades ni frustraciones. Eso, hará que los alumnos que hayan aprendido o estén aprendiendo a gestionar las emociones, tengan una buena y enriquecedora adaptación escolar.

No hay que olvidar, bajo ningún concepto, que hay que tener una visión completa de los alumnos y de los hijos. Con esto quiero decir que hay tener en cuenta de la misma forma lo intelectual, lo físico, lo emocional y lo social. Porque de todo ello en su conjunto, se compone el desarrollo íntegro de las personas. De poco vale, darle más relevancia a los aspectos intelectuales y académicos, a las notas y a los expedientes si no se han adquirido buenos valores y no se sabe tratar con los demás seres humanos.

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