Crianza respetuosa: ni sobreprotección ni niños malcriados

Cada vez más a menudo me encuentro situaciones de padres que se ven presionados por amigos y familiares por la forma de criar y de educar a sus bebés. Sobre todo estos “familiares y amigos” tienen especial tirria a la crianza respetuosa y con apego. No paran de decir con tono despectivo eso de… “¿pero cómo puede dormir el niño con vosotros en la cama?, “¿os bañáis con él?” “deberíais dejarle llorar un poco, así lo vais a malcriar”, “¿pero cuántas veces le has dado de mamar ya?” “¡Le estáis sobreprotegiendo!”

“Cuando sea un poco más mayor será insoportable”. Yo no puedo evitar preguntarme para mis adentros cuando escucho o leo estas cosas: ¿a ellos qué más les dará qué hacen los padres con sus bebés? Se supone que la familia y los amigos deberían estar ahí para apoyar y respetar las decisiones tomadas por los progenitores pero nunca entrometerse en ellas. Para aquellas personas que muchas veces se llevan las manos a la cabeza cuando unos padres dicen que practican el colecho y la crianza respetuosa con sus hijos les explicaré de qué trata todo esto porque parece que no se han enterado muy bien.

Empecemos hablando de lo que es el apego. El apego se define como una vinculación afectiva intensa, duradera que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de la proximidad en momentos de amenaza ya que esto proporciona protección y seguridad. John Bowlby fue el primer psicólogo en desarrollar una teoría del apego. Según él las funciones del apego tiene dos funciones básicas: una función biológica que es obtener protección para asegurar la supervivencia, y la otra de carácter más psicológico, la de adquirir seguridad.

Los padres que llevan a cabo una crianza respetuosa tienen un apego seguro con sus bebés. ¿Qué quiere decir esto? Los niños/as con un apego seguro son capaces de explorar el medio a cierta distancia de su persona de referencia, pueden quedarse con personas desconocidas expresando algo de estrés pero se les calma fácilmente cuando vuelve a ver a su madre o a su padre. En cuanto a estos progenitores, demuestran cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales del bebé.

La crianza respetuosa y con apego no significa ni mucho menos malcriar a los hijos, ni sobreprotegerles. Y los padres que la llevan a cabo tampoco tienen más posibilidades de ser manipulados por los niños/as en un futuro. Además, ¿es que todas esas personas que tanto critican esta decisión de los padres no saben lo peligroso y grave que es dejar a un bebé llorando? Ni un poco ni un mucho. Yo tengo la opinión de que un bebé no llora por gusto, si no por necesidad. Llora porque le duele algo, porque tiene malestar, porque tiene miedo, porque necesita sentir los brazos de su padre o el corazón de su madre.

¿Pero es que acaso a los adultos no nos gusta que nos abracen cuando lo estamos pasando mal? ¿Es que no nos gusta que esas personas especiales nos regalen caricias y gestos bonitos? ¿No nos gusta sentirnos seguros? Pues podéis imaginaros cómo se puede sentir un bebé recién nacido, que acaba de llegar al mundo si no encuentra el calor de sus padres.  De todos modos, se ha comprobado (yo he podido comprobar) que las familias que aplican una crianza respetuosa y con apego luego son las más comprensivas tanto con sus hijos como con futuros padres y profesores. 

Los padres que la llevan a cabo transmiten unos valores inigualables a sus hijos que dentro de unos años seguro que ponen en práctica: les transmiten calidez, sensibilidad, seguridad, les permiten explorar el entorno y fomentan su autonomía cuando tienen que hacerlo. Y evidentemente, al estar haciendo estas cosas están practicando otra parte muy importante para el desarrollo de sus bebés y el de ellos mismos: la educación emocional, tan necesaria actualmente.

Además, estos bebés que se convertirán en adultos pasado el tiempo tenderán a ser más sociables, más comprometidos con el mundo, más solidarios y más empáticos con sus iguales. Aun así, yo me sigo preguntando algunas cosas: ¿se puede saber qué hay de malo de dormir con tu bebé?,  ¿qué hay de malo en compartir momentos con él como la hora del baño? ¿y desde cuándo es tan horrible que un recién nacido sea cogido en brazos por sus padres las veces que quieran o que vean necesarias? ¿desde cuándo es mejor dejar a un bebé llorar hasta que se canse?.

Pero vamos a ver, ¿no trata de esas cosas la maternidad y la paternidad? Creía que ser padres consistía precisamente en eso: en proporcionar calidez, seguridad y sensibilidad a los bebés, en atender sus señales, en crear un vínculo afectivo, en desarrollar su autonomía cuando lo viesen correcto y sobre todo en educar a personas humanas, solidarias y capaces de ponerse en el lugar del otro. Lo siento, pero si tener un hijo significa educarle en la dureza, sin emociones, sin cariño e incitándole a ser en un futuro simplemente adultos que pasean por la calle y que no se preocupan de lo que tienen delante, debo admitir que estoy muy perdida en este mundo.

Con este post, únicamente quería apoyar a los padres que aplican la crianza respetuosa y con apego. Sé que es muy fácil decirlo, pero las personas que os critican por tomar vuestras propias decisiones con respecto a vuestros bebés, no merecen ser escuchadas. No olvidéis que vosotros sois los padres, los que estáis con vuestros hijos la mayor parte del tiempo y que sin duda alguna, las decisiones que tomáis son porque son las mejores para vuestros hijos y para vosotros. Ah, y por favor, no dejéis de bañaros con ellos, no les dejéis llorar y si queréis dormir con ellos y cogerles en brazos las veces que queráis, hacedlo. Porque sentir a vuestros bebés cerca de vosotros, es lo más bonito y tierno del mundo.

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