En busca de la felicidad de los estudiantes en las aulas

Muchos años atrás en el sistema educativo, casi en ningún momento se habría llegado a pensar que las emociones y el estado de ánimo de los alumnos pudieran influir en su aprendizaje. Antes, se creía que los estudiantes, a partir de la educación primaria, eran máquinas de memorizar. Y que los maestros y profesores tenían como único e importante objetivo enseñar la lección, corregir exámenes y acabar antes del verano el libro de texto de la materia.

Antes, desgraciadamente simplemente se tenía en cuenta los aspectos académicos e intelectuales de los alumnos: si apruebas, pasas de curso. No digo que actualmente hayamos avanzado mucho en ese aspecto, pero algo, por lo menos en algunos centros sí que está cambiando: ahora, profesionales de la educación, se dan cuenta que las emociones influyen (y mucho), en el aprendizaje.

¿Cómo podríamos definir las emociones? Buscar una definición exacta es muy complicado, pero podríamos decir que "son eventos de carácter biológico y cognitivo. Se pueden clasificar de dos formas: positivas, cuando van acompañadas de sentimientos placenteros, como la felicidad y el amor. Y negativas, cuando los sentimientos son desagradables, como el miedo, la ira o laansiedad"."  (Los adultos somos conscientes de que cuando estamos contentos o alegres estamos más motivados para realizar nuestros objetivos. Y que cuando nos sentimos tristes o decaídos, hacemos las cosas sin ilusión y sin ganas. Pues eso mismo les pasa a los más pequeños.

Por ejemplo, un niño que se encuentra en educación primaria, que en su casa se da importancia a la Inteligencia Emocional, que empieza a conocer sus emociones y las de las demás, que le han enseñado valores esenciales para el día a día, que han fomentado su autonomía y favorecido sus experiencias y su creatividad, está más dispuesto a aprender conocimientos nuevos en el aula. Sin embargo, un niño también en la misma etapa educativa, que en su casa ha sido educado con excesiva autoridad, presión, con altas expectativas y grandes frustraciones, estará menos motivado para el proceso de aprendizaje y seguramente le invadirá la tristeza y no tendrá interés alguno por conocer algo nuevo.

Cuando saco a Argos por las mañanas temprano, veo a muchos niños que van hacia las Escuelas Infantiles y colegios. La mayoría de ellos van despiertos y caminando de la mano de alguno de sus padres. Algunos van callados, otros llorando y de mala gana. Pero veo, realmente pocos que vayan contentos y felices, que tengan ganas de ir a aprender cosas nuevas. En la mayoría de las veces, no veo alegría en los más pequeños. Y desde luego creo, que los niños a esas edades necesitan felicidad y emociones positivas para absorber los conocimientos que un futuro, les exigirá la sociedad. Por lo tanto, padres, familias y maestros, deberían trabajar juntos en ese concepto único: en la felicidad.

Personalmente, la manera de hacerlo y de llevarlo a cabo es muy sencilla. Veamos algunas pautas y acciones para fomentar ese concepto tan importante de "niños felices" en las aulas:

-Motivarles para aprender: está claro que una buena metodología y unos recursos adaptados y adecuados para los alumnos, es un punto importante para que los niños estén motivados para interesarse con cosas nuevas. Además de eso, los maestros debería dinamizar y amenizar las clases, manteniendo también una actitud de escucha ante los alumnos por si alguno tiene alguna duda. También es importante proponer actividades en grupo para profundizar los temas que se han estudiado en el aula.

-Un clima seguro, de confianza y cálido: esto es muy importante para que los niños acudan contentos y felices a los colegios. Un entorno agradable donde se pueda desarrollar de forma íntegra como persona sin cambiar su personalidad ni su manera de ser. Un ambiente de respeto, de tolerancia y de compañerismo donde ningún niño se sienta inseguro o humillado.

-Valorar las cosas positivas de cada uno: favorecer la autoestima, la identidad personal y el concepto de cada de uno de los estudiantes. Dar importancia a los pequeños logros que cada día los alumnos vayan haciendo.

-Fomentar la creatividad y las experiencias nuevas: dejar cierta libertad a los alumnos en las aulas para que ellos mismos vivan y escojan sus propias experiencias. Ser sus guías en el proceso.

-De las equivocaciones también se aprende: muchos niños, cuando está aprendiendo conocimientos nuevos, como es lógico, se equivocan y cometen errores. El maestro, en estos casos, debería apoyar y animar a los estudiantes para que no se sientan frustrados, enseñando de ese modo que de las equivocaciones y de los errores también se puede sacar algo bueno.

-Inteligencia Emocional, algo muy importante: hoy en día, aprender a gestionar e identificar las emociones, debería ser un aspecto muy importante a llevar a cabo en los centros educativos. Expresar los sentimientos y hablar de ellos, podría ayudar a mejorar el clima y el ambiente de las aulas, generando así seguridad y confianza en los alumnos.

Pero dejar toda la responsabilidad de la felicidad en las aulas en los maestros y profesores, sería una equivocación. También en casa, los padres y las familias pueden llevar a cabo acciones para que sus hijos en los colegios saquen lo mejor de sí mismos y estén motivados para todas las cosas nuevas e interesantes que pueden llegar a aprender. Entonces, ¿cómo se puede educar niños felices en casa? Podemos hablar de algunos consejos sencillos.

-Crear un clima acogedor y de confianza en casa: que un niño se sienta seguro y con confianza en el hogar es un aspecto muy importante para su felicidad y autoestima. Un entorno tranquilo y de respeto en el que se pueda expresar los sentimientos y las emociones.

-Dar oportunidades para que sean autónomos e independientes: hay cosas en casa que los más pequeños pueden hacer tranquilamente: ayudar a preparar un postre, poner la mesa, recogerla... A muchos niños, estas simples tareas les divierte mucho y les hace sentir muy importantes y valorados por sus padres. Además, de esta forma se está favoreciendo a su autonomía.

-Hacer saber a los niños que se les quiere: muchas veces, lo que necesitan los niños es un abrazo, una caricia o una simple mirada para ser felices. Hacer sentir querido a los más pequeños, puede ser la principal fuente de su felicidad en el día a día.

-Actitud de escucha continua: escuchar todo lo que tengan que contar de su día en el colegio, en las actividades extraescolares o en algún cumpleaños es algo muy importante y a tener en cuenta. Por eso, los adultos tienen que poner toda su atención en lo que los más pequeños cuentan. Eso, les hace sentirse seguros y desarrollan la confianza.

-Resolución de conflictos por ellos mismos: con esto quiero decir por ejemplo, si se da una pequeña pelea entre hermanos, primos, amigos... dar la oportunidad de que sean ellos mismos los que resuelvan el problema. Si existe el caso de que sean ellos los que piden la ayuda de un adulto, ser el guía en el proceso de la resolución del conflicto, pero que sean los pequeños los que aporten ideas de cómo se podría solucionar el suceso. Con este aspecto, se estaría desarrollando habilidades sociales, tan importantes en el aula.

Que un niño, esté feliz y contento tanto en casa como en el colegio, significa un montón de cosas. Además de aprender mejor nuevos conocimientos en las clases, sabrá comunicarse con los compañeros, sabrá ayudarlos en caso de que lo necesiten y serán capaces de transmitir si algo les desagrada o les entristece sin perder el control ni alterarse. Todos los niños que asisten a los centros educativos, tendrían que ir felices, tendrían que pasarlo bien, tendrían que desarrollar su creatividad y vivir experiencias nuevas cada día. Eso es lo que tendría que pasar en los colegios, porque cada niño, sin duda alguna, se merece ser feliz y vivir un mundo de descubrimientos.

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