Si no hay emoción ni felicidad no existe un auténtico aprendizaje

Al día de hoy, todavía se está dando el debate sobre si los alumnos deberían ser felices en las aulas o si por el contrario, el único fin de las escuelas es hacer que éstos aprendan cosas nuevas y defender de este modo, que la motivación y la la alegría tiene que venir desde casa y ser cosa de los padres. 
Hace unos días, leí una entrevista realizada a Alberto Royo, un profesor que expone que a los centros educativos se va a aprender y no a buscar la felicidad y que actualmente ha escrito un libro llamado Contra la Nueva Educación. Obviamente, cada uno tenemos nuestras propias opiniones e ideas, pero desde mi punto de vista, yo no podría estar en más desacuerdo con el docente.
Sí, es cierto que los alumnos deben llegar a los centros educativos contentos y felices al gozar de una buena y adecuada relación con sus padres. Pero esa felicidad, se debe mantener en la escuela para que el proceso de enseñanza sea positivo. Es decir, se puede dar el caso que a un estudiante no le guste ir a colegio, se puede dar el caso de otro que se aburra en su clase, puede ser que un alumno se sienta rechazado por los demás compañeros y no se encuentre cómodo en el aula.
Y también puede ser que el docente en cuestión no disfrute de su trabajo y transmita a sus alumnos amargura en vez de sensaciones buenas y motivadoras. Entonces, si un estudiante se encuentra triste en el colegio, no se comunica, no se relaciona y para él es un martirio, ¿a los maestros y personal educativo les debería dar igual? ¿Deberían pasar de él? O quizás simplemente deberían decir a los padres: " a su hijo le pasa algo, podría llevarle a un psicólogo para ver lo qué es".
Para mí, actuar de esa manera, girar la cara o dar la espalda cuando un alumno o su familia puede que necesiten a los maestros y al resto de personal educativo, no es educar. Siento si soy tan tajante, pero una escuela no debería consistir en eso. Para que el aprendizaje de un alumno sea todo un éxito, los centros educativos y las familias deberían trabajar unidas.
Es decir, tampoco vale eso de que los niños estén muy motivados en las aulas y cuando entren en casa sus padres no les hablen, sean indiferentes, no les den ningún cariño, no hagan cosas juntos y no compartan tiempo en familia. Porque de esa manera, todo el esfuerzo que hacen por las mañanas los maestros para que ese niño esté feliz en el aula,  no serviría para mucho si los padres no continuaran de esa manera.
¿Educar en felicidad? Por supuesto. Estoy convencida que las instituciones educativas, pueden (y deben) ofrecer más cosas de las que ya hacen. Los colegios no deberían ser únicamente lugares a los que van los alumnos a intentar aprobar todo y a escuchar al profesor de turno. Que un estudiante tenga la sensación de que no ha aprovechado su día, que no ha disfrutado, que no ha experimentado y que no ha podido opinar sobre un tema, es un claro signo de que en los colegios algo se está haciendo mal. De que el sistema educativo, como saben muchas personas, está obsoleto y no se adapta a los estudiantes actuales.
Parece ser que los directores de los centros y algunos maestros, no saben que la felicidad es la base del aprendizaje. Seguramente, si se diera esa felicidad en los alumnos, el clima, el ambiente, el entorno y las relaciones escolares mejorarían considerablemente. Y por lo tanto, los maestros al ver y ser conscientes de esa felicidad y motivación de sus alumnos, y saber que han sido ellos quiénes han provocado esas sensaciones, sabrían que están haciendo bien su trabajo. O por lo menos de la manera que ellos conciben la educación.
¿Qué pueden hacer maestros y centros para que se de esa felicidad en el aula?
-Crear un ambiente tranquilo y seguro: esto es muy importante. Los alumnos tienen que sentir que están en un lugar fuera de agresiones y de amenazas, en el que podrán hablar y expresar sus emociones libremente sin estar asustados o presionados por alguna situación.
-Salir fuera del aula a dar la clase: para muchos alumnos sentarse todos los días en las sillas, sacar los libros de texto y mirar únicamente al docente, puede resultarle muy aburrido y poco motivador. Dos días a la semana se pueden hacer clases prácticas en el patio del centro, pueden ir a la biblioteca a buscar información en los libros sobre algún tema que ha dicho el profesor. También puede ser buena idea traer al aula a más profesionales de un tema que se está dando en una asignatura...
-Cambiar la metodología: todos los maestros deberían intentar aplicar el aprendizaje por proyectos, basado en juegos o el aprendizaje creativo. La metodología tradicional no está adaptada a los nuevos estudiantes y tampoco les da las oportunidades para poder formarse íntegramente.
-Disfrutar de ser maestro: los alumnos son como esponjas. Enseguida se dan cuenta cuando un docente está motivado, está feliz, triste, negativo o amargado. Ser maestro es una de las profesiones más vocacionales que existen. Nadie dijo que fuera fácil, o que tuviera más salidas, pero sí es cierto una cosa, puede llegar a ser infinitamente reconfortante y bonita.
-Tener en cuenta la Educación Emocional: los estudiantes tienen que aprender más cosas que asignaturas, y saber gestionar sus emociones, reconocerlas, e identificar las de los demás, debería ser uno de los principales objetivos de los centros educativos.
-Enseñar a ser personas: de nada sirve que un alumno tenga un expediente académico brillante si no es capaz de tolerar las opiniones de los demás, si no sabe trabajar en equipo, si humilla a sus compañeros y no sabe relacionarse con ellos.
-Interesarse por los alumnos: algunos maestros se creen que sabiéndose el nombre de sus alumnos y reconociéndoles lo tienen todo hecho. Pero eso no es mostrar interés, eso no significa conocerles. Los docentes deberían hablar con los estudiantes, saber lo que les motiva, lo que les gusta. Deberían preocuparse por ellos cuando algo vaya mal, deberían implicarse. Cuando los alumnos se sienten valorados, y escuchados, se sienten entusiasmados y por ello se crea un proceso de aprendizaje adecuado.
-Ayudarles a superar obstáculos y apoyarles: en muchas ocasiones, los alumnos presentarán problemas emocionales, o que no estén relacionados con el contexto escolar. Se puede dar el caso que un estudiante se eche a llorar en el aula porque se haya muerto su abuelo. Esa ayuda, no se trata de volverle a explicar un problema matemático, sino de estar a su lado, hacerle saber que está seguro y que se comprende su situación. De esa manera, el alumno sentirá que tiene un gran apoyo.
-Hacer las clases divertidas: si un alumno se divierte y entusiasma en clase, estará más atento a las explicaciones de los docentes y estará más dispuesto a adquirir nuevos conocimientos. Hacer del aula un lugar divertido también puede ayudar a que el estudiante se comprometa con lo que está haciendo, puede favorecer su creatividad, su imaginación y fomentar la experimentación y el descubrimiento. Además de crear un ambiente de bienestar con sí mismos y con los compañeros.
Pero cómo decía antes, estas acciones de los maestros y del personal educativo, tienen que ir acompañadas con la colaboración de los padres y de las familias. Únicamente de esa manera los alumnos tendrán un proceso de aprendizaje óptimo. Así pues, los centros educativos deberían ser mucho más que conocimientos académicos, exámenes y trabajos. Deberían ser mucho más que sillas, mesas, pizarras y libros de texto. Las instituciones educativas deberían estar formadas por profesionales que sacaran lo mejor de cada alumno.
Y por si queda alguna duda "sacar lo mejor de cada alumno" no consiste simplemente en ayudarles a sacar un diez, un ocho o un cinco. Significa ir mucho más allá. Significa conocer a los estudiantes, a sus familias. Sacar lo mejor de cada alumno significa tener en cuenta sus emociones, sus sentimientos, sus miedos y sus inquietudes. Porque educar... educar consiste en saber que ser felices a cualquier edad, es el motor principal para cualquier cosa que se haga, y que si esa felicidad está en las aulas, el aprendizaje de los alumnos, será todo un éxito.

No hay comentarios