Llorar no nos hace ser más débiles

No han sido pocas las veces que oído decir eso de…”no llores, tienes que ser fuerte”, “no tienes que llorar delante de nadie”, “las personas que lloran es porque son débiles y flaquean”. Parece que la mayoría de esa gente, no recuerda que todos, absolutamente todos en esta vida, nacemos llorando. 

Y es que llorar señores, no significa otra cosa que coger aire para seguir el camino y coger fuerzas para ir superando los obstáculos que se nos pongan por delante. Algunas personas pensarán que no sé de lo que hablo cuando digo: “Llorar es bastante beneficioso para la salud”. Pero no es más que una verdad que la mayoría de la gente prefiere no practicar por miedo a lo que puedan decir de ellas.

Llorar cuando hace falta elimina las sensaciones negativas que se puedan sentir en un momento concreto (ira, rabia, tristeza, desolación, pérdidas…), hace que después, las personas se invadan de una sensación de paz interior y de tranquilidad encontrándose finalmente a sí mismas. Al llorar, nos damos cuenta que hemos cometido errores y que por eso ahora somos conscientes de ellos para arreglarlos e intentar que no vuelvan a suceder. 

Con el llanto transmitimos emociones y sentimientos a los demás. A través de él podemos decir que nos sentimos dolidos, que tenemos malestar, que nos duele físicamente algo, que sentimos impotencia ante alguna situación…Por eso, llorar también es una fuente de comunicación. Llorar, es una forma de pedir ayuda, de que necesitamos hablar con alguien, de que necesitamos que nos abracen y que nos apoyen en ciertos momentos de nuestra vida. Y pedir ayuda, a pesar de lo que piensen algunas personas, tampoco es de débiles ni de cobardes. 

Muchas veces, dejar que el llanto fluya delante de una persona en la que confías hace que después se consiga una sensación de bienestar y de alivio con uno mismo que ayudará a retomar el camino con más ganas. Llorar, hace que nos conozcamos a nosotros mismos un poco más, que sepamos nuestros límites, nuestras debilidades, las cosas que necesitamos mejorar. Llorar, puede hacer que nos demos cuenta de que hemos hecho daño a otra persona, a empatizar y a ser conscientes de lo sentimientos de los demás.

Con el llanto se elimina poco a poco el estrés acumulado por ciertas circunstancias de la vida, ayuda que descarguemos esa pesadez que cargamos en los hombros y que evita que miremos el lado bueno de las cosas. Incluso hace que compartamos esa carga con otra persona para hacerlo más llevadero. Llorar, hace que nos abramos a los seres humanos, que confiemos los unos en los otros y que nos tendamos las manos cuando a alguien le hace falta. Y si nos centramos en algo científico, llorar ayuda a combatir las bacterias que se acumulan en los ojos y evita que se nos resequen.

Con este post, no quiero decir que nos pasemos el día llorando y creando pensamientos negativos de nosotros mismos. Si no, transmitir que no hace falta aguantar el llanto en una situación de estrés, en una situación grave o difícil, cuando echemos a alguien de menos, al superar una pérdida o al afrontar sentimientos de impotencia y de rabia en algún momento. Llorar es desahogarse con uno mismo y con los demás, no es una técnica para dar pena a los demás y llamar la atención (aunque en ocasiones algunas personas lo utilicen con esos fines). Porque recordad siempre que llorar significa coger aire para recuperar fuerzas para lo que nos espera.

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