Pedagogía: esa carrera tan importante y tan poco reconocida

"¿Pedagogos?" "¿Esas son las personas que curan los pies, no?". Desde que decidí estudiar la carrera de Pedagogía he tenido que contestar muchísimas veces "no, señor. Esos son los podólogos. Lo mío es la educación". Y encima, hay gente que después de decir eso te miran con un desprecio increíble. Entiendo que haya personas que no sepan lo que es la Pedagogía pero no hace falta ofender a nadie. 

Hace bastantes semanas, una amiga me preguntó que si la podía asesorar sobre el grado. Qué era lo que más me había gustado de la carrera, lo que menos, lo que había echado en falta, las materias que más me habían costado aprobar... Y es ahí cuándo me di cuenta de la cantidad de pedagogos y futuros pedagogos que somos y que para una gran parte de la sociedad estemos en las sombras y no nos reconozcan. 

Elegí la carrera de Pedagogía por vocación. Anteriormente había estudiado educación infantil y ya trabajando me di cuenta que quería ampliar mi formación. Sabía que no quería estudiar magisterio de primaria. Yo lo que quería era aprender a investigar, a enseñar cómo enseñar y cómo enseñar a aprender, a conocer la historia de la educación de otros países, dar un paso más allá en el la psicología del desarrollo y embarcar en el maravilloso mundo de los Derechos Humanos y la Orientación Personal y Profesional. 

Así que después de meditarlo mucho entré por la puerta grande al grado de Pedagogía. Había visto de reojo la asignatura de Estadística aplicada de la Educación pero no le di mayor importancia y confié en mí misma. Al parecer no era tan fácil como yo creía. De hecho, me encontré con un hueso duro de roer increíblemente grande (me entran sudores al recordarlo). Y fue para mí la materia más compleja, complicada y la que más dolores de cabeza me dio. 

Otro cantar es estudiar en la UNED. Supongo que como en todas las universidades habrá docentes malos y docentes buenos. Habrá asignaturas más prácticas y más teóricas. Trabajos más amenos y otros que son insufribles (pero insufribles de verdad, ojo). Y por supuesto, retrasos monumentales a la hora de colgar las calificaciones en la plataforma virtual (y un montón de increíbles anécdotas que no tienen mucho que ver con la Pedagogía). 

En un principio, en el apartado de "salidas profesionales" te lo ponen todo super bonito. Una lista grande de los trabajos y empleos que podemos acceder siendo pedagogos. Y claro, es ahí cuando nos formamos nuestras expectativas de futuro: ayudar a los estudiantes, a los docentes, a las familias, diseñar proyectos innovadores o dedicarnos a la formación del profesorado (entre otras muchas cosas, por supuesto). 

A mí se me agrandaron los ojos cuando leí todo eso. "Esto es justo lo que quiero". ¿Cuál es la realidad? La realidad es que si trabajas en un centro educativo tienes un montón de papeles encima de la mesa llamados burocracia que hay que rellenar y un montón de informes que hay que escribir. ¿Qué quiero decir con esto? Pues dicho en palabras de la pedagoga con la que hice mis primeras prácticas (en un colegio): que no tienes prácticamente tiempo de estar con los estudiantes, ni con los profesores ni con las familias más que en situaciones destacadas (ojo, no porque no se quiera sino porque pocas veces se puede). 

¿Y entonces? Entonces decepción gigante. Y sientes cómo las expectativas que te habías creado tú solito en la cabeza van desapareciendo al ver la cruda realidad delante de tus narices. Mis demás prácticas fueron diferentes. Pero fueron diferentes porque las hice en gabinetes psicopedagógicos en los que sí se dedicaban a estar con los estudiantes y a apoyar a las familias. Obviamente, yo ahí estaba en mi salsa. Y me di cuenta que no todo estaba perdido. Veía un rayito de esperanza. 


Un rayito de esperanza que se llama emprender. Tomar la iniciativa y abrir un centro por tu cuenta. ¿Pero qué pasa con eso? Multitud de papeleos, dinero que no todo el mundo tiempo y muchísima paciencia hasta que lo tengas todo bajo control. La carrera de Pedagogía tiene sus más y sus menos (como todas creo yo) pero hoy por hoy no me arrepiento de estudiarla. Gracias a ella, me he dado cuenta de que se puede hacer algo que necesita urgentemente este país: cambiar la educación. 

No todos los pedagogos dan clase, están en centros escolares o en gabinetes. Hay muchísimos que se dedican a diseñar proyectos, a investigar, a escribir y que trabajan como asesores y consultores. Uno de mis objetivos personales (aunque os parezca algo raro) es conseguir que nos reconozcan, que no nos miren raro y que no nos infravaloren. Hay muchos pedagogos que están haciendo una labor increíble por la educación y muy poca gente se da cuenta. 

Para que no os quedéis únicamente con mi opinión sobre la Pedagogía os comparto un testimonio de mi gran amiga y Agusti Rosco Caballero. 

"Como desafío personal y como ejemplo hacia mis dos hijas, decidí embarcarme en esta carrera, tan bonita como satisfactoria. Dado que pertenece a una rama de educación, para cursarla y en un futuro( muy lejano dado que voy a paso muy lento) trabajar en ello, es imprescindible poseer absoluta vocación por la enseñanza tanto dirigida a los niños como a la formación a lo largo de la vida. No es una carrera para impartir clases de una manera propiamente dicha, pero sí para tener un contacto directo e indirecto con niños- jóvenes-adultos. 

Ejemplos de ello:  planificar currículums en situaciones especiales (exclusión social, de altas capacidades, de bajas capacidades), diseñar programas de formación, coordinar el funcionamiento de un centro educativo, etc. Respecto a las asignaturas, de las cursadas hasta ahora, me encantan todas. Independientemente de su grado de dificultad o de cómo estén enfocadas desde cada equipo docente, sus contenidos son muy interesantes.


Espero haber aportado mi granito de arena con mi pequeña reflexión. "

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