La infancia es curiosear, experimentar y movimiento

El otro día, hablando con una compañera de universidad que había sido recientemente mamá por segunda vez me comentó que los vecinos de su bloque le habían dicho ya en contadas ocasiones: "ay, pero qué hijos más malos tienes, el niño nos despierta por las noches con el llanto". Yo, como siempre que me encuentro una situación así, no cabía en mi asombro.

Pero claro, ya pensándolo bien me dije a mí misma: "¿cuántos padres habrán escuchado eso de que su hijo es un trasto o que es malo por el motivo que sea?" y me decidí a escribir este post para dar mi opinión sobre la frase que lleva por título la entrada.



Vamos a ver, a las personas que critican a los padres porque sus hijos pequeños lloran de madrugada (o a la hora que sea) me gustaría decirles que preguntaran a algún familiar suyo sobre si lloraban mucho de pequeños, porque a veces tengo la sensación de que esa gente olvida que ellos también tuvieron infancia y estoy casi segura de que también lloraron en algún momento de ella.

Señores y señoras míos, los recién nacidos no lloran por gusto, es su manera de expresar que sienten malestar, que necesitan la seguridad de sus padres, que tienen hambre o quizás sueño. No lo hacen por placer, si no por mera comunicación, porque cuando se tiene una semana de vida, la única forma en la que los bebés pueden expresarse es a través de lo que suele molestar tanto a los vecinos. A aquellos que dicen "que niño más malo porque no deja de llorar", ¿os gustaría que os hubieran dicho lo mismo? Me imagino que no.



Por otra parte, también me ponen de mal humor esas personas que dicen "madre mía, tú hijo no para quieto", "qué trasto es tu hijo pequeño" "tienes que tener más disciplina con tu hijo". En realidad, no sé qué espera esa gente de un niño de dos años en adelante. Bueno, en cierta manera sí que lo sé: que esté sentado en el banco del parque, que esté sentado en el sofá viendo una película de dibujos y que esté sentado siempre en su silla pintando dibujos.

Pero dejadme que os contradiga, llamadme loca si lo veis oportuno, llevaros las manos a la cabeza o criticarme cuánto queráis, pero yo creo (sólo es mi opinión, ¿eh?) que un niño en su infancia necesita jugar, necesita experimentar por el mismo, necesita descubrir y necesita explorar cosas nuevas para su desarrollo íntegro.

Un niño pequeño necesita jugar con la arena en el parque, tirarse por el tobogán, mancharse algunas veces la ropa de barro, incluso necesita ponerse perdido en la hora de la comida porque, para vuestro asombro (para el asombro de quienes quieren niños sumisos), cuando un bebé coge la comida él solo, por mucho que se manche la cara y las manos está desarrollando la motricidad fina y la autonomía.


Y los niños que hacen esas cosas (madre mía, qué locura y qué malo es ese niño por mancharse de barro la camiseta mientras buscaba un tesoro por la arena) no son ni mucho menos malos, traviesos o trastos. Son niños que se están desarrollando y conociendo cosas nuevas que seguramente les sirva para su aprendizaje. y encima, se divierten haciéndolo. ¿No os dais cuenta que un niño sumiso e increíblemente perfecto deja de lado su infancia? Es como si se le cortaran las alas o si se le impidiera descubrir cosas por su propia cuenta.

Dejadme que os diga algo: ningún niño tiene mala conducta al nacer. Es en base a la educación de los padres (muy autoritaria, indiferente o muy permisiva) lo que hace que ellos en un futuro empiecen a tener malos comportamientos.  Y entonces, es ahí cuando esos padres se preguntan por las cosas que han hecho mal.



Las malas conductas no vienen porque un niño calme su curiosidad en el parque o en el centro comercial, si no  por una sobreprotección de los progenitores, por unos padres demasiado autoritarios, por unos que la educación de sus hijos les es indiferente o por aquellos que dan a sus hijos todos los antojos y caprichos sin poner límites alguno.

Yo puedo decir tranquilamente, que cuando sea madre, me encantaría que mis hijos se pusieran perdidos con la comida mientras intentan cogerla con las manos y metérsela en la boca, me encantaría que se mancharan las piernas de barro, me encantaría que corrieran, que jugaran, que explorasen por ellos mismos, que se divirtieran tocando nuevas texturas y descubriendo lo que para ellos sería un mundo de experiencias nuevas. A los que quieren hijos perfectos y quietos, reflexionad sobre si no les estáis quitando una de las etapas más importantes de su vida como es la infancia. 

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